Mis sentidos se saturaron hasta llegar a la estridencia, después la nada.

Recorrí el camino infinidad de veces, tenía la imperiosa necesidad de reptar por las paredes húmedas, había pilas de gusanos y tierra mojada, recuerdos y miedos impregnados en la roca.

Al abrir mis ojos percibí una cascada de luz, develaba formas incomprensibles para mí. Tenía la sensación de ser, pero no de estar.

La distancia era insalvable, sabía donde ir, pero tenía la certeza de que nunca llegaría.